Múltiples espejos
Cuando terminé de producir la tercera temporada de RecordArte, cuando se publicó su último episodio el 6 de junio del año pasado, estaba cansada. Tenía un agotamiento profundo, físico y emocional. La vida estuvo bombardera el año pasado y las explosiones florecieron, destruyendo y sembrando al mismo tiempo, por todas partes. Terminé como quien no quería saber de nada, como quien necesitaba un silencio prolongado para escucharse a sí misma antes de encender un micrófono y volver a hablar.
Aquello que se crea está vivo y como tal, funciona como espejo, refugio o incluso detonador de grandes cambios. Y RecordArte ha sido parte de todo este proceso, no ha quedado inmune a las bombas ni a los humos, no ha podido evitar, como yo, la necesidad de pararse diferente en el mundo. Más o menos desde agosto del 2024, este proyecto y yo hemos estado removiendo tierra, arrancando maleza, encontrando flores muertas y metiendo las manos en la mierda para volverla abono.
Algo, que no sé explicar muy bien en palabras, se estaba muriendo. Y mientras tanto otra cosa se gestaba paralelamente detrás de todo, a oscuras, allá en el fondo de esa cueva que ha sido siempre mi proceso creativo. En estos dos años, despedimos personas en silencio, nos sacudieron otras a los gritos, las puertas que abrimos de par en par y con flores a la entrada terminaron cerradas con un golpe seco. Nadie se despidió y nadie dijo gracias. ¿Aprendí? Sí. Ningún proceso creativo puede ser mendigante. Todos los palos de una hoguera deben tener su propia brasa, un solo leño encendido no puede sostener el incendio del bosque, y si la chispa no está, no hay fósforo que valga. Y claro, las puertas de la casa se abren solo con las reglas claras, pidiendo siempre dejar los zapatos sucios antes de entrar.
Los finales son duelos, los duelos son silencios y el silencio es el vacío que lo genera todo. Terminando la tercera temporada tenía clara solo una cosa: quería seguir, pero quería también algo diferente. Quería romper algo y volverlo a armar con los pedazos rotos, que de la taza quebrada saliera un jarrón o un elefante. Por eso, tal vez, siento lo que viene como un inicio, RecordArte es el mismo, ya existe, pero ahora, para beber de su taza, tal vez deba poner mi boca en la trompa de un elefante azul.
En ese inicio presentido empecé a buscar (con las tripas chillando de hambre creativa) alimento. Por entonces no me daba cuenta, pero busqué, y la vida me puso en frente, las voces de varias de las personas que más he admirado en este mundo del audio para mirarme en ellas, en cada una, como en un espejo diferente. Gracias al programa Audio Doctor del Third Coast Festival, tuve una sesión de mentoría con Isabel Cadenas Cañón del podcast De eso no se habla. En septiembre de ese mismo año, comencé un curso de guión y producción en audio con Juan Serrano de La No Ficción, después tomé otro curso de guión con Sebastián Ortega de Anfibia Podcast, y tuve dos encuentros personalizados con Catalina May de Las Raras. Me inscribí a un taller de escritura con Alejandra Torrijos, llamado Escribir la migración y, hace muy poco, estuve durante tres horas escuchando a mi más reciente pero profundo amor escritural, Leila Guerriero, en un taller de no ficción. Ahora, soy parte del programa de mentorías de The Podcast Academy, y tengo la fortuna de contar con Juan Pablo Berch como mentor. Cada uno, desde su lugar creativo me ha dado algo, de todos se han quedado conmigo frases, ideas y prácticas.
Isabel Cadenas Cañón me hizo la pregunta fundamental: ¿por qué y para quién creas RecordArte? Y la respuesta me puso el norte firme y me dio la libertad necesaria. Juan Serrano nombró a los guionistas como “orfebres del tiempo”; Catalina May dijo: “si hay que quedarse 15 minutos en completo silencio grabando un río, esperando que el río suene en su mejor versión, se queda uno quieto y en silencio 15 minutos escuchando el agua”. Leila Guerriero, como moviendo con las manos unos hilos invisibles, dijo: “el texto va arrojando lianas de luz, después, al final, tienes que agarrar esas lianas y hacerlas descargar todas sus corrientes eléctricas”. Juan Pablo me dejó de tarea buscar la imagen original; yo hice la tarea y la imagen apareció, una metáfora que le dio claridad a lo que todavía no tiene forma concreta.
No solo busqué mentores, busqué plata, porque sin plata no se pueden hacer muchas cosas. Y la encontré. Una beca de la universidad en la que trabajo me permitió viajar, hacer las entrevistas en persona, comprar trípodes, micrófonos, cámara fotográfica, la belleza en unos audífonos y otros juguetes más. Y en esos viajes hemos estado Mike y yo desde agosto del año pasado hasta este domingo 22 de marzo; recorriendo pueblos y rincones de Carolina del Norte, casas pequeñas y casas grandes, casas llenas de olores y comidas, casas muy vivas y llenas de historias largas.
Y hoy, mientras escribo esto, tengo por delante horas y horas de audio esperando, tengo tres páginas de guión escritas que comenzaron a mover el motor, tengo la sensación de estar en la falda de una montaña que iré subiendo en los próximos meses, narrando las piedras, los árboles y los abismos. A la cima no sé cuándo llegue, pero llegaré, y será entonces cuando la cuarta temporada salga a la luz.
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Paola, qué lindo texto. Me encanta que nos compartas tus inquietudes y tu paso junto a los creadores que admiras y de los que has podido aprender. Tras leerte, pensaba en las personas que han sido el motor de mi creatividad: mentores buscados y otros que, simplemente, te conocen tan bien que te recomiendan cosas para leer, ver y escuchar. Eso que te recomiendan, te alimenta y tiene un gran impacto, no solo en lo creativo, sino también a nivel personal.
Enhorabuena por el inicio de esa cuarta temporada.
Con muchas ganas de volver a escucharte.
Para crear hay que estar muy bien alimentado.
Abazos